El precio de seguir un sueño: desde la perspectiva de un estudiante internacional

Escrito y traducido por Astrid Campos Mata. Seguir un sueño tiene sus ventajas, pero también tiene un precio.

Rice University walkway framed with trees, leading to an unseen place.

Hace algunos años, yo tenía un sueño.  Soñaba con nuevas ciudades, nuevas culturas, y con tomar el siguiente paso en mi carrera profesional. Me preparé para ello, luché por ello, y eventualmente, lo logré. Recibí la carta de aceptación. Me mudé. Y ahora estoy aquí.

Pero hay un lado de la historia sobre este sueño que no se ve en redes sociales. Y aunque  estoy increíblemente agradecida por esta oportunidad, la verdad es que no todos los días se sienten como un sueño. Algunos días el “precio emocional” de ser una estudiante internacional se siente demasiado alto. 

Este blog es sobre esos días. Es sobre esos momentos en los que quisieras volver corriendo a tu hogar y abrazar a tus amigos de la infancia, y sobre esas veces en las que te das cuenta que el éxito viene con un precio invisible, uno del que nadie te advirtió, o tal vez, uno que elegiste ignorar por la emoción del viaje.

El currículo que nadie ve

Cuando estaba en mi hogar, mis profesores y mis compañeros me conocían. Yo ya tenía una historia. Ellos sabían que yo era una estudiante excelente, al igual que muchos estudiantes internacionales que logran llegar hasta aquí. Si yo cometía algún error en ese entonces, eso no me definía, porque yo ya había demostrado de lo que era capaz. 

Pero cuando te mudas a un nuevo país, especialmente uno con un idioma diferente, se siente como si tu historia comenzara desde cero. Te encuentras a ti mismo sentado en el salón de clases o en la oficina, pensando, “si tan sólo ellos supieran lo inteligente que soy en mi propio idioma.” Te encuentras a ti mismo queriendo repetir lo que alguna vez Sofia Vergara famosamente dijo en Modern Family (Una Familia Moderna en español): “¿Sabes lo inteligente que soy en español?”

En un segundo idioma, usualmente no hay margen de error. Te preocupas porque cada tartamudeo o palabra fuera de lugar vaya a definir tu inteligencia. Es una carga realmente agotadora, tener el sentimiento de que estás constantemente audicionando por un estatus que ganaste hace ya varios años en tu lugar de origen. 

El tiempo que no se congela

Uno de los retos más difíciles de afrontar cuando estudias en el extranjero es darte cuenta que la vida en tu hogar no se detiene sólo porque no estás ahí. Yo solía desear que el tiempo se  congelara para mi familia, que se quedaran exactamente como los recordaba hasta que yo volviera. Y honestamente, desearía que el tiempo también se congelara aquí, porque mi investigación ¡toma una eternidad! Pero no, el tiempo sigue avanzando, aquí y allá.

He tenido que ver a mis sobrinos crecer a través de fotos, con la esperanza de que ellos me vayan a reconocer la siguiente vez que nos veamos. He recibido noticias sobre problemas de salud de mi familia tarde porque ellos “no querían preocuparme”. Y he sentido el desgarrador silencio de una llamada diciéndome que uno de mis abuelos había fallecido mientras yo estaba en el extranjero, y sin poder decir adiós.

El peso de un mapa

Pero la impotencia no se detiene frente a la puerta de la casa de mi familia. A veces, es tu país entero el que está sufriendo, y te ves forzado a verlo a través de la pantalla. 

Cuando tu país está pasando por una crisis, ya sea política, económica, de seguridad, o un desastre natural, cargas con un tipo de frustración específica. Mientras tus compañeros están estresados por un examen, tú estás actualizando las noticias con un nudo en la garganta. Te sientes como si fueras sólo un espectador del trasfondo de tu propia vida, incapaz de ayudar, incapaz de gritar lo suficientemente fuerte para ser escuchado en el otro lado de la frontera. Tal vez estés físicamente a salvo, pero por dentro sientes que tu espíritu se consume en fuego. 

Ni de aquí, ni de allá

A medida que te adaptas y continuas logrando tu sueño, algo extraño sucede: te empiezas a transformar: aprendes las frases locales, tu inglés mejora, te ajustas al ritmo de la ciudad, y encuentras una forma de navegar este mundo nuevo. Pero a veces, esta evolución viene con un efecto secundario, la pérdida del sentido de pertenencia en ambos lugares. 

Cuando regreso a México, regreso como una turista. Algunas veces me llegan comentarios como, “tú ya no puedes tener una opinión, porque ya no vives aquí” o “ya te agringaste (ya te hiciste estadounidense).” Pero entonces, cuando regreso a Houston, aún soy sólo como una invitada, notable por mi acento y marcada por el hecho de que sólo estoy aquí temporalmente. A veces, no me importa, y lo único que quiero es poder comprar un elote en un puesto de elotes como los que hay en mi ciudad. Tus palabras cambian, tus costumbres cambian, y mientras tu mundo se ha expandido, también has perdido la simplicidad de pertenecer sólo a uno. Claro que ganas mucho, pero las pérdidas en el proceso siguen doliendo. 

Un acto de valentía

Mudarse a otro país es una batalla. Es vivir en una constante negociación entre la soledad, la frustración, y el sentimiento de sentirse incomprendido. Sin embargo, debemos recordar por qué empezamos.

Seguir un sueño no es sólo otro paso en tu carrera profesional; es un acto de valentía. Levantarse todos los días y volver a intentarlo, a pesar de la barrera del idioma, las noticias sobre tu hogar, y de la historias de Instagram de las vidas que dejamos atrás, es un acto que requiere coraje. 

Si hoy sientes ese peso, debes saber que no le estás fallando a tu sueño. Simplemente estás pagando el precio que conlleva. Y no lo estás haciendo solo. Lo cierto es que esos días que más nos cuestan son los que hacen que la felicidad sea mayor cuando obtenemos una calificación perfecta, cuando un experimento funciona, cuando publicamos un artículo, o cuando finalmente nos graduamos. 

El precio de seguir un sueño a veces es alto, pero es el precio que pagamos por crecer. Tu lucha no es un signo de debilidad; es una muestra de tu fortaleza. Todos nosotros estamos aquí, en ciudades y universidades diferentes, siendo valientes juntos.

¿Qué es lo que más extrañas de tu hogar? (¡Yo definitivamente extraño los elotes de mi ciudad!) ¿Qué es lo que desearías que la gente entendiera sobre los”extras” que enfrentas todos los días? ¿Y cómo estás siendo valiente el día de hoy?

About the Author

Astrid Campos Mata is from Monterrey, Mexico and is currently a Ph.D. candidate in Materials Science and Nanoengineering. She got her B.S in Chemistry at Universidad Autónoma de Nuevo León.